España

Pero nada de todo esto cuenta si España sigue estando –como estuvo- tan concesiva en la zona defensiva. La exigencia táctica es muy grande. Busquets, por decirlo de alguna forma, se está viendo muy solo cada vez que España pierde la pelota. Y si los centrales, que están acompañando –como es lógico- al bloque muy arriba, no llegan a corregir el desbarajuste, el problema ya pasa de castaño a oscuro. Se apreció claramente ante Portugal, se sufrió ante Irán y anoche, ante una Marruecos que acabó dejando a En-Nesyri arriba para explotar esta flaqueza, se constató que, de no solucionarse bien y pronto, puede ser un lastre competitivo ante cualquier equipo en 90’. Porque, si bien es cierto que es un problema que atañe a otras superpotencias (como es el caso de Alemania), selecciones como Francia, Bélgica o la misma Rusia, por poner varios ejemplos, podrían hacer caja de ello. Y más si esto se extiendese al balón parado, como el 1-2, fruto de las dudas entre el portero y la defensa.
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Isco volvió a estar omnipresente en sus funciones. Bajó a recibir en mediocampo, participó en la elaboración, juntó al equipo más arriba, regateó, comandó el sector más incisivo del ataque (izquierdo) y sumó determinación en los metros finales, como en el gol o el cabezazo que cerca estuvo de colarse por el palo largo. A decir verdad, el futbolista del Real Madrid rindió varios cuerpos por delante del resto. Aunque esto, en absoluto desmerece el partido que por su parte realizaron otros como Iniesta o Diego Costa. El primero, al que cada vez es más palpable que el ritmo de sus piernas no alcanza al de la media por encuentro, estuvo sumamente acertado a la hora de interpretar los movimientos que fue dibujando Isco para, igual que hizo Silva –menos protagonista- con Costa, ocupar los distintos espacios entre el interior (Boussoufa), el lateral (Dirar) y el extremo (Amrabat) de Marruecos. Mientras que el delantero rojiblanco, a través de sus desmarques entre los centrales y la línea del balón, ofreció todo tipo de soluciones súper profundas.
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Ahora bien, con el paso de los minutos España fue perdiendo mucha fluidez en su juego. Repitió varias veces el mismo pase, encaró menos y, con Aspas y Asensio en lugar de Costa y Thiago, acabó recurriendo a un centro lateral hacia ninguna parte. Una segunda mitad muy pobre en cuanto a términos cualitativos y cuantitativos, que ahora sí, una vez superado el desaguisado de la primera fase, enciende todas las alarmas. Porque el problema, a tenor de estos tres primeros encuentros, es más grave si cabe teniendo en cuenta que si la estrategia inicial no sale, como es el caso de ayer ante Marruecos, la España de Fernando Hierro no ha definido aún ningún plan alternativo. Y eso, ahora que las rondas no durarán más que 90 minutos, 120 o una tanda de penaltis, puede ser sinónimo de más problemas que certezas cuando no exista margen de maniobra.
El problema defensivo puede ser más grave de lo que parece